La
obra poética de Yolanda Duque Vidal, es un canto libertario, en
un tiempo y un espacio, en que es particularmente necesario aliviar
la carga personal y mundial. Las páginas que ahora nos ofrenda bajo
el título de “Senderos”,
corresponden a la obra de una mujer plena, madura, que ha recorrido
muchas lunas llenas desde la cordillera chilena, su país natal,
hasta las lunas de Montreal que la han cubierto con su manto.
Con
la certeza de una sonámbula, obligada a dejar su tierra madre, la
poeta deambula por el continente americano y nos invita a eludir
el pesimismo, a asumir la vida a plenitud; si bien sentimos al leerla
una nostalgia de trenes, de bosques, de cordillera chilena, de océano,
podemos ver también
la blanca ciudad cómplice que le guiña un ojo y se duerme
a través del exilio que cubre a tantos espíritus indómitos.
Ahí
está la memoria, como espejo del alma, que llama, recuerda y espera.
La luna, “astro que tutela
nuestras almas”, la Patria mutilada, dolida, violada, que
espera el regreso de sus hijos. Los rebozos de Oaxaca, con su colorido
de muchacha mexicana y la grandeza que sus pirámides testimonian,
son parte de este canto entre montañas y valles. La invaluable y
vital poesía chilena,
tiene en nuestra poeta una hija más.
M.Soto
A.
Pedagoga,
escritora columnista y poetisa.
Durango,
México
2002
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