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Entrevista
a Yolanda Duque Vidal, por Livia Díaz
“La
tarde de Yolanda”.
De Poetas en el Exilio.
por: Livia Díaz.
La
tarde de Yolanda permanece en el tiempo saturada de recuerdos y añoranzas.
“Un poder mayor que yo, me llama a volver” pero volver no es suficiente,
ya no somos parte del todo ni parte del poco. La salida y la ausencia
provocada insufrible estoica, la salida necesaria e inmerecida, ha marcado
su vida para siempre.
Yolanda Duque Vidal de origen chilena, nacionalizada canadiense pero ciudadana
del mundo, viaja con sus zapatos de nube y la mochila al hombro, sus gafas
la guían, su amor y su energía la impulsan, su fe mueve
los Andes, las Rocosas, las cordilleras se abren a su paso invencible.
Ninguna extradición pudo cambiar su identidad.
Su voz es una música suave pautada y lenta donde la claridad de
su dicción sin acentos vence la maestría con que se redacta
y dictamina su paso sencillo, vidente, enamorado. “Mi Patria es el Universo
porque el universo es de Dios y yo soy hija de Dios”. Tal cual. Como si
la vida atrapada en el pecho en tesoro vital se cristaliza al solo verbalizarlo.
“Hay una ansiedad en mi
que indaga una razón.
Mientras el sol dormita
gradualmente bajo el agua,
sus últimos rayos esbozan
tu imagen en la arena”.
Entre canciones y sonrisas, enérgicamente avanzando en amable precisión
sin equivocaciones, solidaria, paciente en armonía pero firme,
que deja reconocer una práctica continua y cotidiana de pasos por
los todos, por los suyos, por nosotros. Convivió con nosotras,
unas 46 poetas de 25 países este noviembre en el XI Encuentro de
Mujeres Poetas en el “País de las Nubes” región Mixteca
de Oaxaca. En la cincuentena por fuera, nueve por dentro. Invenciblemente
niña y mujer en avance de proyectos editoriales y culturales que
abarcan la edición de poetas y cuentistas contemporáneos
y la educación de indios “Crees”, “Mohacs” y “Mic Macs”, en Canadá.
Dijo Jean Paul Sartre que “Los libros son voluminosas cartas a los amigos”.
En los de Yolanda me queda claro que ninguna palabra está dirigida
a otra persona. Porque sólo los amigos rozan con el alma el sentimiento
al compartir lo que nos hermana en cualquier circunstancia, en cualquier
semana, en cualquier idioma. Ella va ganando amigos “estoy naciendo hace
poco nada más”. No tiene muchos estudios de Literatura, dice. Se
llena de amigos silenciosos en la poesía aunque salió de
su país con la esperanza de arrodillar la violencia contra su familia
ejercida por los militares chilenos en interrogatorios y persecuciones
en la década de los 70’s y 80.
“¿Cuántos afanes de libertad sepultaron
los cuervos que mutilaron la Patria?
Semillas de ideales retoñaran un día
y los originarios frutos volverán
a perfumar nuestro exuberante territorio
Cordillera de los Andes
altivo muro accidentado, mudo testigo
de la inmolación, el sudor y la sangre
vertida en los viñedos y maizales”.
Porque una cosa es elegir donde vivir y otra es salir perseguido”.La tortura
del aparato de estado tras la caída del presidente Salvador Allende,
perseveró contra todos ellos por muchos años, esto la obligó
a buscarle asilo a sus hermanos fuera de Chile y después ella misma
comenzó a treparse en las nubes que le llevan los pies, rumbo a
otras tierras. Comenzó con la poesía en el exilio, cargada
de nostalgias, desarraigo:
“Lóbregos pasajes de la memoria
revelan una niñez desgarrada.
Nada borra lo imborrable, el pasado.
Saeta que regresa sin aviso
y se queda fatalmente alojada
donde incorpóreamente lastima”.
“No había fronteras ideológicas. Sorprendentemente, los
militares argentinos conocían toda nuestra historia”. Argentina
que inicialmente fue un refugio para Yolanda se convertía en un
infierno poco a poco, hasta que salió de nuevo con rumbo a Canadá.
Vivió en Buenos Aires hasta el 4 de octubre de 1986. Siempre trabajando
en empresas importantes donde destacó en la jefatura de empleados,
administración y contabilidad. A diferencia de sus hermanos que
eran miembros del Partido Comunista, Yolanda es Pacifista, “pero eso no
sirve”, sospechaban de todos, querían saberlo todo sobre ellos,
sus amistades, sus actividades, “hasta que un día mi madre les
dijo a los militares - mis hijos ya no están aquí, se fueron
a Estados Unidos -, nunca más volvieron a molestar a mis padres”.
Pero duele tenerlos tan lejos. Cuando el avión desciende sobre
los Andes y veo Santiago aparecer, mi corazón da un vuelco rotundo,
es un clamor y un rumor en el pecho que me soborna y atrapa inevitablemente,
siempre, siempre que regreso.
“Intrínsecamente se enquista
en los opacos laberintos
donde no puede desertar.
Arrastra al abismo inexorable
chocando contra el muro
de insalvables fracasos.
Acero mordaz y agudo
que traspasas sin piedad
los frágiles umbrales del alma”.
A Yolanda le faltó tener un hijo aunque tuvo muchos hijos: Sus
cinco hermanos y una banda inmensa de sobrinos con los que de vez en cuando,
vuelve a ser niña aunque lamenta no haberlos visto crecer. “La
sonrisa de un niño me libera el alma”. Hubo una época en
la que no poder tener hijos casi me llevó a caminos sin retorno.
Era un dolor muy grande, algo perdido, porque había problemas médicos
y personales por resolver y finalmente me quitaron los órganos
reproductivos para evitar un cáncer”. La poesía nació
cuando era niña. A los nueve años y en la escuela primaria
de educación “la maestra nos dijo que escribiéramos un poema,
“escriban lo que estén sintiendo”. En ese momento me guié
por un poema de Gabriela Mistral. Observé que los versos estaban
agrupados de 4 en cuatro y en la forma del trabajo quedó plasmado:
“Si yo encontrara el motivo de mi existencia en este mundo
entender por qué vivo con este dolor tan profundo
dolor que me da la vida sin saber por qué
¡Sentir mi alma herida y la razón no la sé!”
Mi maestra enmudeció inmediatamente. Pensé que había
hecho algo muy malo. Me miraba y miraba mi poema, lo mostró a todos
los maestros, a la directora. Mi poema anduvo de mano en mano, les parecía
quizá increíble que yo a esa edad hubiera escrito eso, como
increíble fue verlo consumirse en las llamas cuando los militares
tomaron el baúl donde guardaba mis poemas y otros textos y les
prendieron fuego “con el hecho de haber quemado mis poemas me cortaron
la vida, es como si me hubieran mutilado la mitad de mi cuerpo”.
“En tus gargantas ocultas
un insondable y monstruoso arcano.
Los blancos sueños de mi infancia
se han teñido de rojo
ante las escorias de una Patria
arrasada por el fuego de metralla”.
Recientemente Yolanda ha sido reconocida por el Gobierno General de Canadá
en el “Ridean Hall Palace” de Ottawa, junto con otros 60 escritores chilenos.
“Recién estoy naciendo para los chilenos, en Canadá ya me
reconocen”.
“Mi poesía parte de la reflexión interna que quiero transmitirla,
que la gente entienda, la asimile. Lo mío es espontáneo.
Antes fue íntimo, de amigos”. Como escritora comenzó a darse
a conocer desde el primer libro, “Poemas de Canto y Luna”, editado en
Montreal, Canadá en 1999. Ha escrito “Destino”, “El jardín
de mis sueños”, “Senderos”, libros de poesía y prepara la
novela “Alas pasivas” que retoma la experiencia de trabajo y convivencia
en el albergue de los indígenas “Crees” de la Bahía James,
al norte de Québec y recoge “lo que pueden leer otros ojos”.
En el 2001 inauguró una editorial sin fronteras que se llama “Alondras”,
trilingüe y que distribuye en Canadá pero “la distribución
no es fácil” en el resto del mundo, sin embargo asegura que no
se da por vencida y seguirá intentando cruzar fronteras con sus
alondras.
Livia Díaz, Oaxaca, México Noviembre 2003. |
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