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Chile, 1944. Actualmente vive en la ciudad de Montreal, Canadá. Viudacon tres hijos. Escritora y comediante. Profesora de alemán en su país de origen. Obtuvo los títulos de Profesora de francés y Expresión dramática, además de una Maestría en Educación en la Universidad de Montreal. El golpe de estado chileno en 1973 y las inclemencias del exilio, le hicieron postergar su creación. Sin embargo,realiza algunas publicaciones de tipo docente en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile y en el Cégep de Saint Jerôme, Québec. Publica artículos y poemas en revistas de México, Chile y Canadá. En Montreal, ha participado en varias teleseries, programas de radio, teatro y cine.Formó parte integrante del grupo “La Barraca”, bajo la dirección entre otros de Jaime Silva, Isidora Aguirre y Nelson Villagra. Se presentó en la lectura dramatizada del libro “Albertine en cinq temps”, de Michel Tremblay, en el “Festival de théâtre des Amériques”. Ha actuado en varias películas entre las cuales cabe mencionar: “La conciergerie”, premiada en el “Festival des Films du Monde” y “Hasard et coïncidences”, de Claude Lelouch.


Huida

 

Es como si desapareciera,

poco a poco, en una blanda agonía.

Como si todos los soles del mundo

no lograran levantarme,

como si muriera.

 

Imaginarios fríos me recorren,

mi cabeza se cansa,

se empaña la transparencia de mis ojos,

escribo sin pudor, incierta,

no sé si tú lo sabes,

no puede ser que no lo sepas.

 

Pasan los años, el rastro queda,

el miedo, el mismo miedo,

pareciera que realmente estoy perdida,

voy y vuelvo,

vuelvo y me colmo de sonrisas.

 

A veces creo, me parece verte,

acudo a tu llamado.

Nada, el vacío.

 

Yo no sabía, todo era nuevo

y mi sembrar reluciente.

Se enredaba el juego, una esperanza,

la primavera, el invierno,

en medio del patio yo con trenzas,

zoquetes blancos

y un renacimiento entero.

¿Cómo quieres que comprendan

si no lo han vivido?

¿lo comprendes tú?

Ésta pena que se arraiga con tu ausencia

¿cómo quieres que la entiendan?

 

De mi casa me mudaron

sin preguntarme siquiera,

se me hizo largo el camino de zarza y tierra,

se me hizo sombra la tarde,

el grito quedó,

sordo, estremecido.

 

¿Adónde vas madre?

A buscar hambre.

¿Qué me traes madre?

Calla niño que tengo prisa.

Déjame enlazarte

que el sol ya brilla,

y... quema.

 

Un rebaño se aleja maleta en mano,

una lucha que se ausenta

para seguir luchando.

 

Nadie me espera, tú no me esperas,

no le encuentro sentido a esta vida mía

que ya no es mía ni tuya,

como si desapareciera

¿lo comprendes?

 

 

 

EXILIO

 

En un gemido evoco las montañas,

en un gemido les pedí compasión.

 

Esas enormes alturas sí saben,

vieron como se los llevaban

para aniquilarlos,

como los llamaban uno a uno

para destrozarlos

hasta vencer sus fortalezas,

hasta terminar con sus lealtades

y con sus ambiciones,

...se los llevaron.

 

Les mostraron el humo de los pasillos,

sus gritos se transformaron en ecos.

Se escribieron en diarios y revistas.

 

Algunos se fueron con sus maletas

de cuero usado,

con sus ternos grises

de invierno.

 

Incansables esperaron

en las filas de los aeropuertos,

se convirtieron en tumulto.

Sus cuerpos comenzaron

a oler a destierro,

judíos, españoles, chilenos.

Olor a paquetes olvidados,

a empanadas añejas,

palabras repetidas,

 

Llanto de niños abandonados.

Yo también comencé

a impregnarme.

Me preguntaron el apellido

y casi se me olvidó

a fuerza de deletrearlo.

 

Llené papeles interminables,

interpelé a mis hijos,

los hice sentarse

al final de una escalera

de cemento, en silencio,

les dije que un autobús pequeñito

vendría por ellos,

que no olvidaran sus cuadernos,

apenas alcancé a pasarles

la mano por el pelo.

 

Y ellos lloraron, suplicaron,

me pidieron volver.

Les enseñé a ser fuertes,

a cerrar los puños,

aprendieron sus nombres completos,

su dirección y número de teléfono.

“Si alguien les habla, no contesten”.

“Si alguien los ataca, se defienden”.

No pasar, está prohibido.

Los mataron.