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Emilce Strucchi nació en Florida, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina, en 1956.           

Lic. en Psicología y Postgrado de Especialización en Conducción Estratégica de Recursos Humanos.

En la actualidad se desempeña como Consultora de empresas. Además trabaja como Docente universitaria.

Es poeta y cuentista. Como tal ha obtenido los siguientes premios:

  • II premio en género Poesía y Mención de Honor en poesía y cuento, en el Certamen Internacional de Cuento y Poesía "Fuego" organizado por ediciones Schedir. Bs. As. Argentina, 1999

  • 2° Premio de Honor del Iº Concurso Nacional de Poesía "La Luna Que", instituido por el grupo literario La Luna Que. Libro inédito premiado:" El tamaño del abismo". Bs. As. Argentina, 1999

  • 3ª Premio de Honor del "XV Salón de Arte Nacional de distintas disciplinas - VI de Poesía": "Abriendo caminos en al arte" - Bs. As. Argentina, 2000

  • Invitada para representar a la Argentina, junto a otras ocho poetas, en el IX Encuentro Internacional de Mujeres Poetas, Oaxaca, México. 2001

  • Primer premio en género poesía, Refugio de Poetas, Encuentro Virtual, Madrid. España, 2002

  • Invitada para amadrinar el Primer Encuentro Internacional Virtual de Poesía en Uruguay, 2002

  • Invitada para representar a la Argentina en el X Encuentro Internacional de Mujeres Poetas, Oaxaca, México, 2002

  • Primer premio en Poesía y segundo premio en Cuento, en el concurso que la Biblioteca de Olivos organizó con el diario Clarín de Vicente López (Pcia. de Buenos Aires), setiembre de 2002

  • Seleccionada por la UNED para la realización de un libro electrónico de próxima edición. Madrid, España, 2002.

Libros publicados

  • "Pleno de ausencia", Ediciones Simurg. Buenos Aires, Argentina. 2001 (género cuento).

  • "Los trofeos del abandono" (género poesía, 2003, en prensa)

 Libros inéditos en género poesía:

  • "El tamaño del abismo", "A golpe de memoria" y "En la casa de la luna"

 Libros inéditos en género cuento:

  • "Eternidad inventada" y "Sin ángeles y sin estatuas"

De pronto

 

Altivos y sombríos

van los señores que señalan con antigua y cultivada erudición cuál es el rumbo.

La manera elegante de caminar, con la frente alta,

deshonrosamente,

con los hombros erguidos y algo de brillo simulado

en la mirada.

Los señores que señalan el rumbo

y el modo de andar,

llevan monóculos de todos los colores, se ufanan.

Enarbolan su apariencia, los trajes de alpaca.

Y jamás pisan los charcos.

Van con cuidado.

No distinguen con claridad

la multitud que arrastra el paso y mira hacia abajo.

Mira hacia abajo, la punta de sus pies,

una moneda, rastros de néctar.

La belleza derramada sobre los adoquines.

Los señores altivos y sombríos

(hay que reconocer),

tienen un poco de miedo. Les tiembla levemente el pulso.

Los hostiga alguna pesadilla,

imágenes de tullidos, un verbo errado.

- Una juventud que habían logrado olvidar -.

Para colmo de males

durante la noche sudan

y en la pantalla del sueño no pueden ignorar

a la masa de hombres tomados de la mano, en fila,

desfilando por las calles.

Enormes hileras de soldados silenciosos

que con su intenso rumor de pasos caminan, caminan.

Cubren ciudades enteras. Llegan hasta Chile,

Uruguay. Llegan a todos los condados linderos.

Van de la mano y caminan.

Caminan.

Y todo el mapa abarrotado de gente

que no permite circular a los señores de pergamino y epitafios.

El rumor crece, crece.

Y se expanden las filas.

Las manos unidas, los responsos,

los pies que gritan libertad,

las ollas vacías (esas campanas que rugen

los padre nuestro).

Las manos unidas crecen, crecen.

Y los diarios publican fotografías

de esa inmensidad de hombres que miran al cielo

y de pronto... se detienen.

Altivos y sombríos

los señores que señalan el rumbo van con cuidado y no distinguen.

Ahora sienten el temblor numeroso del espanto.

Es el miedo que avanza y los domina. Crece, crece.

Y para colmo de males, ellos sudan.


Duda sobre el destino del poeta

 

Tengo un poema destrozándome las manos.

Una fe que atraviesa mi piel

despedaza los músculos.

Busca estas venas.

Tengo los pies pisando tierra encendida

y un grito demorado en las llagas.

Me pregunto si será eterno el tiempo del dolor.

Sospecho el día en que se hará palabra,

el día de la canción.

Entonces cantaremos la sed, el sol,

la fatiga y el hambre.

El pueblo y su agonía.

Quién sabe si conquistaré esa libertad...


Palabra

 

Eres piedra inagotable

compañera fatal que anuncia (presagiante y difusa)

la hora de comenzar mi muerte.

Sólo la hora de partir, no las alas.

Eres mi secreto y la deseada condena.

La circular huida temerosa hasta el encuentro.

Eres también el corazón de la alegría.

La vida que alcanzo y que devoro.

El llanto que nadie ve.

La desmesura.


Universo de signos

 

 

“Eres una lámpara de carne en la tormenta”

(Vicente Huidobro)

 

 

Acerca de este andar dubitativo y errante

alguien, alguna vez, escribió o escribirá un poema.

Una constelación de luces y fuego crepitando:

lámparas encendidas de la carne

que acudieron para inspirar la senda anterior

a la rima y a cualquier verso. Fueron heridas extranjeras, exilios.

Sepulturas no elegidas para los homenajes.

Una ceguera, el mar violeta ahogado en caracolas,

aquella locura.

Celdas y dolores agudos han sido los testigos.

¿Quién es capaz de nombrar en un fragmento a todo el hombre,

a Dios y su misterio?

¿Quién posee la clave en su combinación perfecta

para la fragua del acero y el vuelo inapelable de las águilas?

Necesito gritos para las guerras, lágrimas para el hambre.

Mordeduras para todas las pérdidas.

Sigo buscando un océano para Alfonsina y una Ginebra para mi amante.

También anhelo una Isla Negra para escoltar su luto.

 

Cuántas son las cosas que necesito para perdonar mi palabra.

Por eso indago a la piedra para cincelar en el aire

mi voluntad de letra.

Universo de signos

 

de una mujer que escribe en calma.