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CRISTINA PIZARRO

 

Nació en Banfield, Provincia de Buenos Aires, Argentina, el 24 de noviembre de 1949.

Poemarios publicados: Poemas de agua y fuego (1993),   La voz viene de lejos (1995)  Lirios prohibidos (1998).

Plaquetas publicadas: Retablo de mutaciones.(1998), Girasoles de Babel (2000), Hoguera de metal (2000). Sinfonía irisada(2001), La grama petulante(2001), Pájaros del delirio(2001), Inaudibles murmullos(2001)

Profesora en Letras. Titular de la cátedra de Literatura del Instituto Superior de Profesorado "Sara C. de Eccleston" de Buenos Aires. Coordinadora de talleres de escritura con técnicas psicodramáticas.  Figuran sobre esta temática: El taller de juegos literarios (1994),El Taller de juego dramático(1996).

Integra la comisión de actos culturales del Instituto Literario y Cultural Hispánico de California y  la comisión organizadora de los simposios del mismo. Participó en congresos de escritores y de Literatura en su país y varios países de Latinoamérica (Paraguay, Chile, Brasil, Uruguay, Venezuela, Colombia, Guatemala, Perú, México) y otras ciudades del mundo ( Los Angeles, Miami, Sevilla, Madrid,  New Delhi).

Ha colaborado con la subcomisión de Concursos y Premios de Gente de Letras de Buenos Aires y la revista Gente de Letras de la misma entidad. Miembro  del consejo co-editorial en Argentina de la revista internacional Francachela .Integrante de la subcomisión "Instituto Argentino de Poesía" de APOA (Asociación de poetas de la Argentina).

Colabora con diversas revistas literarias (Alba de América, publicación del ILCH,entre otras) y boletines electrónicos (Letra Negra, Boletín de Poesía, Poetas 2000,El Muro,y otros) con poemas y artículos de crítica literaria.

Directora del Centro Cultural Indo -Argentino de Calcuta, en Buenos Aires.         

E-mail: indrairi@overnet.com.ar

 

 

 

MARIPOSA-MUJER

 

En mi tierra de origen todavía ríen las montañas.

El sol y la luna se unen

en el tiempo y la eternidad.

 

Me gusta  acercarme a los árboles,

entregarme al viento,

descubrir que mi corazón fecunda en paz

entre alas espiraladas.

Con su reflejo romboidal

las escamas erotizan el ritmo

                                              de las aguas mansas.

Deambulando

piedras preciosas se cobijan.

A lo largo de la orilla

voy siguiendo los diamantes

en el círculo

sin principio ni fin.

 

Porque sé

                 que renace

                                   para siempre

lo efímero.

 

LABRADOR

 

El labrador transfigura la tierra

                                                 con su luz.

 

Persigue

             en el trajín de la mañana

                                                    las huellas amarillas.

 

Teme el desenfreno

                               de las hierbas fugaces.

 

 

La tarde se entristece.

 

 

El labrador excava

                              la sospecha mísera de la herida.

 

Y enciende el alma

                              del meteoro agonizante.

 

 

UNA HOJA CAÍDA

Una hoja

              ha caído

                       sobre el desierto.

 

Desde lejos

                  la veo

                            tan digna.

 

Cayó otra hoja.

                       Y sigo caminando.

 

Veo

       cabras y ovejas.

 

Sol.

       Viento.

 

Amada tierra,

pueblo mío sin aire,

qué te sucedió,

                        Patria de mi deseo?

Acaso estabas apartada del camino.

 

Yo sé que hubo maizales lastimados

que yacen detrás de la hojarasca.

 

Se humedecen las semillas.

Florecen los jacarandáes.

 

Los nogales esparcen su dulzura.

Las vides se trepan por los montes.

Los higos maduran en los caseríos.

 

Estoy aquí. Cercana al borde.

Las campanas acarician nuestras voces.

 

Oigo a mi gente

                         orando su plegaria.

 

CAMPOS CARMESÍES.

 

Aquellas lágrimas escondidas

                                                adentro de una hoja de álamo

son palabras peregrinas

                                     que esparcen el almizcle de las diamelas.

 

Ahora mi cuerpo es  viento

                                           respirando pena.

 

Toda mi gente yace sobre las sombras de las aguas.

 

Oh, Dios.

Dios del Silencio.

Danos

          en el alba

                         el resurgir de nuestros campos carmesíes.