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Antonia Fernando, escritora

e-mail : yaqu@tutopia.com

Antonia Fernando ha publicado en diversas revistas electrónicas, entre ellas Plataforma Intercultural (Suecia), Oniria (Chile) y La Otra Orilla (México). Durante noviembre de 2001 participó en el IX Encuentro Internacional de Mujeres Poetas en el País de las Nubes en Oaxaca, México. En el año 2003 edita su primera publicación "Oniria y otros microcuentos adolescentes".

LA SEÑORA DE LAS SOMBRAS


Desde pequeña lo sentí. Esa luz oscura vivía en mi cuerpo, pero sobre todo en mi alma. No lo entendía. Los demás eran diferentes, su luz era blanca, amarilla, roja, azul. En mí brillaba un manto negro. Sí que brillaba, más que las luces de los desgraciados.

Lo asumí. Lo grité a quien quisiera escuchar: ¡soy la Gran Señora de las Sombras!. Pero como suele pasar con lo sublime y con lo extraño, vino el miedo y me encerraron. Sin saberlo, me entregaron un reino propio, oscuro y húmedo. La celda. Era mi castillo, digno de la majestad que reinaba en él.

Desde aquí he gobernado todo este tiempo. No se dan cuenta, creen tener el control. La realidad es otra. ¡Soy su reina!, los conduzco, mi oscuridad ha aniquilado sus luces y poco a poco se convierten en lo que soy.

Ya tengo dos súbditos: una rata que me visita de noche y el perro del enfermero.

CALAS

Desde niña le gustaron las calas, en el jardín de la abuela abundaban. Ella les ponía a cada una un nombre de mujer. Jugaban todas a ser amigas.

Hoy en cada rincón de su casa hay una cala, todas tienen nombre de mujer.

Todas se llaman como ella.



SHERIE

Sonrisa incompleta, medias negras caladas. Sherie lleva un bikini tanga plateado. Ella no usa transparencias, sólo sirve café. Cuando él entra al local lo besa, el pelo revolotea oxigenado, los ojitos verdes, las pestañas infinitas.

¿cómo estás?

¿cortado o express?

¿azúcar o sacarina?

Mueve el tacón a la izquierda, conversa para lograr buena propina.

Cuando la época está dura apenas saco unas monedas

Sherie se arregla las medias. De reojo en el espejo limpia de rouge el diente.

Adiós, gracias.

Levanta la taza y coge moneda a moneda, entre largas uñas rojas, el pan para sus niños.

 

MELINDA


La distancia infartó el corazón de Melinda. La junta médica declaró al tiempo su cardiólogo.